
Airaos, y no pequéis

¿Por qué El Señor Jesús se enojó tanto con los mercaderes del
templo?
En Juan 2:13-16 Jesús purifica el
Templo
“Estaba cerca la Pascua de los
judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Encontró en el Templo aEn su ministerio El Señor Jesús siempre mostró comprensión, sencillez, mansedumbre; pero en Juan 2:13-16 manifestó una gran indignación contra los mercaderes en el templo de Dios; hasta utilizó unas cuerdas para fustigarles. ¿Por qué creen ustedes que se enojó tan grandemente?
Imagínate, si dentro del templo
los hombres se corrompían, y robaban. Al lado de este mismo templo se vendía y
comparaba, regateando y mintiendo. Entonces,
¿dónde estaba la santidad? ¿Era posible entrar al templo para orar con
este mercadeo y ruido? ¿Era posible orar
en esta casa de oración con todo el corazón y con toda el alma a Dios? ¿Era
posible abrir su corazón y orar y adorar en el espíritu a Dios?
Pues claro que no. Pero Jesús después de haber actuado con tanta represión no los persiguió, o les insulto, ni los destruyo teniendo El el poder dado por su Padre para hacerlo. Jesús rompió todo lo material que representaba la inmundicia y la extorción. Nadie salió herido excepto la maldad. Jesús no permitió que el enojo controlara su misión. Su ira tenía una motivación apropiada. En otras palabras; Él estaba enojado por las razones correctas.
La ira de Jesús no surgió de los argumentos estériles o desprecios personales contra Él. No había egoísmo involucrado. Jesús también mostró enojo en otra ocasión estando en la sinagoga de Capernaúm. Cuando los fariseos se rehusaron a responder las preguntas de Jesús, “Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones...” (Marcos 3:5).
¿Cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí?
En resumen el enojo es una emoción
natural del ser humano la cual con una disciplina espiritual basada a las enseñanzas
de Jesús podemos controlar e impedir el hacerle daño a nuestros semejantes. Recordemos
también esta enseñanza que encontramos en Mateo 18:21-22 y nos dice asi: “Entonces
Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que
pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun
hasta setenta veces siete.” En Santiago 1:19 nos exhorta
asi: “Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero
que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;” Fíjate
que tenemos dos oídos y una boca. Pues tenemos que escuchar más de lo que
hablamos. También en Santiago 3:6 encontramos esta enseñanza
que nos exhorta a frenar la lengua: “Y la lengua es un fuego, un mundo de
iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina
todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra
vida.”
Por tanto hermanas y hermanos la
próxima vez que sintamos que nos vamos a enojar detengamos nuestros impulsos y
razonemos primero si vale la pena en sucumbir a la ira y entrar en pugnas con
nuestro prójimo.
Que Dios les
colme de paz y sabiduría…Amén.
Nuestro Señor Jesucristo corre a
los mercaderes del templo
"Sólo aquel que se indigna
sin motivo se vuelve culpable; quien se indigna por un motivo justo no tiene
culpa alguna.
Pues, si faltase la ira, la
ciencia de Dios no progresaría, los juicios no tendrían consistencia y los
crímenes no serían reprimidos. Más aún: aquel que no se indignare cuando la
razón lo exige, comete un pecado grave; pues la paciencia no regulada por la
razón, propaga los vicios, favorece las negligencias y lleva al mal, no
solamente a los malos, sino, sobre todo, a los buenos" San Juan
Crisostomo. (Hom. XI, In Nath.)
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